Sus labios estuvieron a un milímetro de distancia.
Ella pudo haberte besado, pudiste haber notado que tuvo el impulso de hacerlo a pesar de no haberlo intentado. Y tú también lo tuviste, pudo sentirse cuando le dijiste:
— Ven, tengo que decirte un secreto.
Llena de curiosidad se acerco y susurraste:
— Te quiero…
Entonces se alejaba mientras sonreía y aprovechaste la ocasión para intentar besarla. Una vez más sus labios estaban demasiado cerca, pero esta vez tus ojos le gritaban algo que no pudo descifrar porque para entonces, por primera vez se había perdido en tu mirada. Y la besaste. ¡Fue un beso lleno de deseo, de ganas de continuar hasta que uno de los dos decidiera parar! Ella se alejó a pesar de desear fervorosamente que tus labios se quedaran ahí, posados sobre los de ella. Se alejo porque él apareció en su memoria y deseó que hubiese sido él a quien tenía en frente, besándola. Y te miraba mientras se arrepentía de no poder sentir por ti ésa clase de amor. Mientras comprobaba que no era suficiente… aquél beso, lo mucho que le gustaras, todo lo que habían vivido; no podías hacerla olvidar que a quien verdaderamente quería era a él. Y que él ya no estaba, que no volvería a pesar de que ese deseo permaneciera intacto durante toda su vida.